El viaje por demás largo y cuesta arriba que protagonizó Malyia Jeffers parece finalmente haber llegado a su fin luego de un veredicto que dicta un acuerdo entre ella y el Hospital Methodist, en California. La menor de Sacramento llegó al centro con un grave cuadro de infección generalizada y fue obligada a esperar cinco largas horas en una sala de emergencias. Ella estaba volando en fiebre y sus abogados especializados en negligencia médica afirman que debido a esto perdió uno de sus pies, su mano derecha y parte de su mano izquierda. Cuando finalmente la atendieron, fue trasladada inmediatamente a la Universidad de Stanford en donde le diagnosticaron un síndrome de disfunción multiorgánica debido a una falla de su sistema inmunitario.
Veredicto y compensación necesarios para la sobrevivencia
La familia de Jeffers llegó a un acuerdo de $10 millones con el Hospital Methodist y los trabajadores de la sala de emergencias. Se dice que 9 de ellos vendrán de parte del centro y el resto será pagado por el Emergency Physicians Medical Group of Sacramento, lo que da como resultado uno de las compensaciones económicas más grandes otorgadas en el estado de California. Una parte del dinero será destinado a pagar los gastos médicos hasta la fecha y lo demás será puesto en una cuenta de ahorros a nombre de la joven Malyia, empezando en el año 2026 que es cuando cumple 18 años, con un depósito mensual de $16,000. Aunque California tiene leyes que restringen las compensaciones de este tipo a 250,000 dólares, estas restricciones sólo son aplicables a veredictos relacionados con cargos de “dolor y sufrimiento”.
Los abogados involucrados en este caso esperan que la compensación económica establecida ayude a una joven menor de edad a adaptarse y llevar una vida lo más normal posible, luego de este episodio devastador de negligencia médica.
Abogados de Negligencia Médica en New Jersey y Philadelphia
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A fines del mes de octubre la policía fue a la casa del hijo de Carol Brown, una mujer de 74 años de edad, para revisar su estado de salud, y la encontraron viviendo en condiciones deporables y sin respuesta a ningún estímulo. Los paramédicos se apresuraron a llegar al lugar, y describieron a Carol como “un cadaver en descomposición que seguía respirando de milagro”. El personal de rescate que se dio cita en la vivienda tuvo literalmente que despegarla de la silla de cuero en que se encontraba, pues sus piernas se habían fusionado con ésta. Los documentos hechos públicos poco después revelaron que la mujer estuvo sentada sobre su propios fluidos corporales y entre desperdicios, y presentaba un tobillo increíblemente hinchado con una herida infestada de gusanos.
Los abogados de la familia Sinclair encuentran estos argumentos ofensivos y totalmente indignantes. Ellos opinan que si la Carta fue redactada para ser interpretada de esta manera, los derechos y libertades de todos los ciudadanos canadienses estarían en peligro inminente. Sinclair sufrió la amputación de ambas piernas y falleció producto de una previsible infección a la vejiga en la sala de emergencias a la edad de 45 años. Sus representantes legales dijeron lo siguiente:
Peggy Ballinger, una ex-trabajadora del Alois Alzheimer Center de 55 años de edad, afronta una serie de cargos luego de ser acusada de robar medicamentos de sus propios pacientes de alzheimer: dos cargos por robo agravado, dos más por falsedad para obtener las medicinas, y dos más por iniciar el proceso para tal fin con documentos ilegales.
Hay un proyecto de ley que está abriéndose paso en la legislación vigente del estado de Wisconsin que, de ser aprobado, limitaría la admisión de cierto tipo de evidencia en casos de
Según una demanda por homicidio culposo sentada por Diane Hallman, la muerte de su madre fue el resultado de una negligencia cometida en el Regent Care Center, lugar en el que la víctima estaba pasando sus días. Rachel Mohr, de 78 años de edad, fue encontrada el pasado 4 de marzo pidiendo ayuda a gritos desde el suelo (al costado de su cama). La demanda sostiene que Mohr fue rápidamente puesta sobre la cama luego de que sufriera de sangrado interno y trauma cerebral: “ella, aunque presentando severos dolores, estaba bien desde el punto de vista neurológico y se mantenía coherente. Luego de que fue levantada del suelo y puesta nuevamente en su cama, ya no respondía a ningún estímulo”.
Richard Lee Wallace, de 57 años de edad, tendrá un juicio este mes por cargos de negligencia y abuso en contra de un adulto con discapacidad que finalmente perdió la vida. Los paramédicos encontraron el pasado 18 de abril a la víctima, de 86 años de edad (Elise Wallace, su madre), muerta en la casa en que vivían: su cuerpo estaba tirado en el sofá de la casa, totalmente abandonada, cubierto de escaras enormes y llenas de gusanos, gangrenada, y rodeada de cientos de moscas. Ellos testificaron que Elise llevaba fallecida no más de una hora antes de que llegaran, y la causa de la muerte fue determinada como una infección bacterial en la sangre provocada por la gangrena.
Los abogados representantes de la menor declararon que ella “murió alrededor de tres horas después de que sus pequeños pulmones fueran insuflados con toda esa cantidad de oxígeno”. En el año 2007, luego de un juicio de seis semanas, un juzgado emitió un veredicto determinando que la familia Rivera sea receptora de $3.5 millones por conceptos de dolor y sufrimiento, y $500,000 por concepto de homicidio culposo. Desafortunadamente, los representantes legales de la misma siguen en pie de lucha luego de que la contraparte apelara a la sentencia. Esto prolongó la agonía de la familia de manera innecesaria por casi cuatro años más hasta que finalmente, en este mismo 2011, la sentencia fue ratificada y aumentada en $478,000 por concepto de intereses acumulados durante todo este tiempo en que no se hizo efectiva la sentencia.
Carle ha trabajado como consultor en un proyecto liderado por la Corporación GTX, encargada de desarrollar un calzado con dispositivo localizador incluido en el talón. En un inicio este proyecto estaba destinado a los niños y corredores profesionales de maratón, hasta que Carle “señaló que era una gran idea y la tecnología apropiada para ayudar a las personas con demencia que tienden a perderse”. Han habido dispositivos con GPS como llaveros, muñequeras, brazaletes, pendientes, etc. en el mercado, pero éstos se perdían fácilmente: es mucho menos probable que la persona que se pierda se saque las zapatillas. Entonces, este avance tecnológico en el calzado permitirá que un miembro de la familia establezca un perímetro en el que el paciente pueda moverse libremente y sin ningún riesgo… “pero si se sale del perímetro, google maps se inicia automáticamente en la laptop y nos muestra a dónde se ha ido”, explica Carle.