Los profesionales involucrados de una u otra manera en el tema aceptamos que hay un gran número de instituciones y centros de cuidado que brindan un excelente servicio a sus pacientes. Sin embargo, los episodios de abuso en residencias que tienen lugar en los demás, suelen opacarlos constantemente con cada noticia que se llega a saber. Nosotros atendemos una gran cantidad de casos de abuso y maltrato que van desde aquellos que terminan con la evitable muerte del paciente hasta otros en los que el staff a cargo se aprovecha del poder que tiene, y la vulnerabilidad de los internos permite que se comporten de manera inadecuada o tomen posesión de todas sus pertenencias.
Enfermera toma fotografía de un paciente junto a otros miembros
El Colonial Hills Nursing Center ubicado en Tennessee está siendo sometido a una investigación luego de que dos enfermeras tituladas de su staff tomaran una fotografía de un paciente sin autorización con su dispositivo móvil, y se la enviaran a un número no determinado de trabajadores del mismo centro junto con otra de la hija adolescente del mismo. El pasado 22 de julio, la fotografía -por encima del hombro y con ropa- fue tomada a manera de burla y en efecto, ellos mismos calificaron el incidente de “cómico y curioso”. Se dijo que la foto estaba media borrosa y que por ello el paciente no pudo ser claramente identificado. Ambas enfermeras fueron despedidas y la institución fue multada con $6,000 por parte del estado, y con $4,550 por día por parte del Centers for Medicare and Medicaid Services hasta que los hechos sean esclarecidos.
Según el informe, el incidente significaba una “violación a la dignidad” y la residencia tiene la culpa por no proteger al interno, endurecer sus políticas relacionadas con el uso de dispositivos móviles en áreas comunes, y no investigar apropiadamente el incidente. Además, se suspendió la admisión de nuevos pacientes luego de que se encontraran más violaciones al reglamento, aunque actualmente esta suspensión fue levantada al recibir un plan de correción enviado por la institución.
Abogados de Abuso en Residencias en New Jersey y Philadelphia
Si usted es testigo de alguna negligencia cometida en contra de sus seres queridos, si ha notado marcas extrañas, moretones, cicatrices, o escaras, o si sospecha que el servicio brindado raya lo negligente, abusivo o poco profesional, nuestros profesionales especializados en la materia están a su disposición para absolver todas sus dudas. Por favor, póngase en contacto con el Estudio de Abogados Mininno para una evaluación gratuita de su caso o llámenos al (856) 833-0600 en New Jersey, o al (215) 567-2380 en Philadelphia.
Primero, Damian Saul, de 43 años, sufrió un infarto generalizado mientras esperaba durante horas el poder ser atendido por un doctor en un hospital de la ciudad: luego de llegar al mismo, le dijo a una enfermera que estaba teniendo problemas de visión en uno de sus ojos. Esto debería haber sido identificado como un signo inicial de infarto. Luego del mismo, se encontraba paralizado casi en su totalidad y no podía hablar con claridad. Sus representantes legales llegaron a un acuerdo económico de $5.5 millones y fueron citados diciendo “ellos no hicieron absolutamente nada para ayudarle… quien haya estado a cargo del paciente en ese momento debería ser despedido por incompetencia… simplemente no le prestó atención”.
Desafortunadamente, aún cuando fue separada de sus cuidadores y trasladada a un centro en el que sí se le daba la atención apropiada, Jacox terminó pasando a mejor vida el pasado 8 de noviembre en el Tucson Medical Center. Las autoridades afirman que además, la pareja sacó todo el dinero de la cuenta y de las tarjetas de crédito de la víctima, pero Peralta asevera que la verdadera historia de lo que le pasó a la mujer dista mucho de la que ha sido publicada: manifestó que tanto él como ella querían a Jacox como si fuera de su propia familia y que no abusaron en lo más mínimo de ella, aunque aceptó que no podría poner las manos al fuego por lo que hacía su pareja durante las 12 ó 15 horas que salía de la casa para trabajar y no quiso decir nada sobre los alimentos que le administraban, afirmando que solía prepararle sandwiches de huevo en las mañanas hasta que Jacox le dijo que prefería que fuera la chica quien se hiciera cargo de esto. También dijo que no se percató de la pérdida de peso y que asumió que cualquier complicación era producto de la esclerósis múltiple que padecía. En añadidura, mencionó que fue él quien se dio cuenta de las escaras en su espalda y que, preocupado, tomó la decisión de llevarla a un hospital: “cuando ví las heridas dije vamos a ponerla en su silla de ruedas, llevémosla a un hospital para que la revisen”. Dijo además que fue él quien la metió en el auto y la chica la llevó al hospital mientras Peralta se quedó en casa haciéndose cargo de los hijos de la víctima.
Mientras se encontraba en el hospital esperando el momento de que se inicie el transplante, un episodio de negligencia que no tenía nada que ver con el tema dio lugar a una serie de complicaciones médicas. Accidentalmente, una enfermera le administró una dosis de insulina sin leer la nota que había dejado el doctor en la que se especificaba que ésta no le sea administrada por ninguna razón. Lo siguiente fue el estado de coma en el que entró Parsons y sus abogados afirman que ésta es la causa por la que dejó de existir sólo tres semanas después.
Una mujer de 70 años de edad, residente del University Place Nursing and Rehabilitation Center en Charlotte, North Carolina, fue llevada de emergencia al Carolinas Medical Center University en la madrugada del pasado domingo 29 de agosto: llegó con un enorme moretón en el rostro y con la pelvis fracturada. Cuando los familiares preguntaron en la residencia cuál había sido la causa de todo aquello se les dijo que la mujer se había caído, pero el personal del hospital donde fue atendida dijo que las heridas con las que llegó no eran producto de ninguna caída. Esto obligó a que la familia crea que la mujer había sido víctima de maltrato físico y tanto la policía como el Departamento de Servicios Sociales, que es la entidad que maneja las denuncias relacionadas con abuso de personas de avanzada edad, empezaron a investigar el caso.
Sherry Lynn Mundy, la hija de Baker de 63 años de edad, ha sido acusada de negligencia severa y condenada a tres años en prisión. La juez Kathleen Beckstead ordenó pena privativa de libertad por un año y un día sin ningún tipo de beneficio. Según el fiscal Joel Todd, “el hecho de que ella apelara para obtener beneficios penitenciarios y de que éstos le hayan sido parcialmente negados, debe ser un referente para todos aquellos que piensan en abusar de una persona mayor y vulnerable“.
Sin el consentimiento de García, un médico residente la sometió al mencionado procedimiento y dilató su cuello uterino, lo que terminó causando una perforación en el útero. El Dr. Gove no supervisó el estado del paciente durante el proceso. Cuando empezaron a sospechar que algo iba mal hicieron, uso de fórceps a través de la perforación del útero con el objeto de extraer algún objeto que se pudiera haber quedado dentro, pero lo que terminaron extrayendo fue un pedazo de intestino que se encontraba en el camino: como resultado del error, el recto y el intestino de García sufrieron una seria rasgadura. Luego de esto, la paciente requería con urgencia una ileostomía, para la cual se hizo una incisión en la superficie cutánea con el objeto de drenar los deshechos del intestino hacia una bolsa exterior. García llevó consigo esta bolsa durante tres meses: todavía en la actualidad sufre de dolor y tiene heridas internas que no cicatrizan.
De acuerdo a los registros de la Institución, el empleado que fue testigo de la pelea reportó que el staff brindó asistencia médica a West para detener el sangrado de su rostro. Al dueño de la misma, Lonnie Shaw, se le preguntó si West fue examinado por un profesional pero éste evitó hacer algún comentario. Los familiares de la víctima se encuentra consternados por este hecho y acusan a la residencia de no querer dar detalles del incidente o explicar cómo se manejó la situación. De acuerdo a la hija de West, Terry Wester, su esposa Loudene llamó al centro ese mismo día para saber cómo estaba su esposo y fue informada de lo sucedido: le dijeron que él se vio involucrado en una pelea y que producto de la misma sufrió una rotura en el labio superior. Cuando Wester fue a visitarlo dos días después le encontró en medio de un dolor intolerable y no quedaba duda de la paliza que había recibido. Inmediatamente llamó a una ambulancia y le trasladó a un hospital.
El 19 de noviembre del 2010, Nancy Byrd Lewis, de 59 años de edad, llamó al 911 para informar que su madre, de nombre Hazel Tolbert Byrd y de 79, no respondía ante ningún estímulo. Cuando los paramédicos llegaron a la casa donde vivían ambas mujeres, encontraron a la mayor acostada en una cama infestada de heces fecales, orines y gusanos de la cintura a los pies. Luego de realizar la autopsia de ley se determinó que Byrd llevaba muerta por lo menos una semana. También se determinó que la víctima no vivía en un ambiente limpio, tenía el cabello enmarañado, y presentaba una serie de escaras o llagas de presión. Todos estos datos dieron inicio a una investigación en donde se supo que la mujer había sufrido un ataque al corazón en el año 2005 y que luego del mismo se mudó a vivir con Lewis, quien asumió el papel de cuidadora de su madre. Además, padecía de presión alta y diabetes, pero nunca se le administró las medicinas para frenar esta enfermedad ni fue visitada por doctor alguno luego de su salida del hospital.
Luego de la investigación llevada a cabo por el Health Department Investigation, una residencia ubicada en el estado de Minessota está afrontando cargos acusatorios por la muerte de Keith H. Johnson, uno de sus internos de 82 años de edad: el personal le sirvió un sandwich de atún el pasado 13 de diciembre del 2010 yendo en contra de las órdenes del doctor quien les dijo que el paciente sólo podía ingerir comidas en estado de puré ya que tenía la costumbre de comer muy rápido y atragantarse a menudo. El hombre, quien además sufría de alzheimer, fue dejado solo y sin supervisión cuando empezó a atragantarse con el sandwhich. Un empleado se dio cuenta de que estaba intentando toser, de que poco después dejó de moverse y de que finalmente dejó de respirar. Entonces se intentó reanimarlo aplicando la maniobra Heimlich dos veces para tratar de abrir sus vías respiratorias e inmediatamente fue llevado al hospital. Johnson perdió la vida seis días después debido a la falta de oxigenación de su cerebro y el consiguiente paro cardiaco.